jueves, 17 de abril de 2014

CUANDO LA CAMA HACE RUIDO

Cuando la cama hace ruido

Cinco de la mañana.
Un par de manos te agarran por la cintura y te arrastran desde tu calentita y confortable esquina a un territorio frío, inexplorado: el centro de la cama. Te resistes, pataleas, te haces el dormido, finges delirar en sueños, pero esas manos ya aprietan tus muslos No hay escapatoria: ella, ha ganado.
 Y ahí estás tú con la legaña todavía a medio construir y tu chica con ganas de mambo. Te dejas llevar, imaginando que el motivo carnal por el que te ha despertado se convertirá en una preciosa sinfonía de sexo romántico como el de las mejores películas ñoñas de esas que tanto le gustan a ella y que tú no soportas.
Y empezáis a dar rienda suelta a la pasión.
 “Niqui-ñiqui- ñiqui´ñiqui”. El colchón. No llega con que se te claven los muelles que ahora también te da un concierto en pleno acto sexual pasándose el morbo por la funda. Bueno, puedes soportarlo. No pienses en ello. No lo pienses, tú a lo tuyo….
 “Pum-pum, pum-pum”. ¡Me cago en la puta madre que parió al Falete! Ahora el cabezal de la cama se revela sonoramente por el maltrato al que está siendo sometido contra la pared del dormitorio. Entonces me levanto, y apresuradamente busca algo para introducir entre cama y pared: un par de calcetines, unas bragas, un cojín, un libro de Punsset….
 Volvéis al tema. Esta batalla aún no está perdida.
 Pero el ruido, lejos de amortiguarse, se ha convertido en una fusión del “ñiqui-ñiqui” y el “pum-pum”. Un “ñiqui-pum, ñiqui-pum”. Tu chica alarga el brazo en un arrebato para agarrar el cabezal de la cama y tú te das la vuelta buscando alegremente nuevas formas de innovar en la cama. En ese momento descubres la horrorosa marca que su manaza está dejando sobre el cabezal que te hizo pintar la semana pasada de blanco maculo. Una marca que se va extendiendo al compás de vuestros movimientos dejando el cabezal como un cuadro. Hay tantas huellas que cualquier tarostista tuerto podría leerle el futuro a tu chica y a toda su familia mirando el puto cabezal.
 Ella sigue, decidida, a coronar su hazaña, pero tú no piensas en otra cosa que en ESAS MANCHAS y el trabajo que te costo pintarlo. Te falta concentración, y, entonces, propones la gran idea: probar en el otro sentido de la cama. Es lo que se denomina “polvo en cruz”, no porque vuestros cuerpos formen una cruz con el colchón –como de hecho pasa- sino porque es una cruz practicarlo. A ver, la postura está bien si mides menos de 1.60. Lo que ocurre con largos superiores es que el montador tendrá que apoyar las patitas en el frío suelo o en la escurridiza alfombra al tiempo que mantiene su torso erguido y sus tríceps en tensión para no caerse de cabeza hacia el otro lado.

Si lo conseguís vosotros, os sorprenderá un “iji-iji” de las patas de la cama, que, al ser desplazadas en horizontal pierden buena parte de las propiedades de estabilidad para las que, supuestamente, fueron construidas.
 Desbordado por las circunstancias y la alineación de los astros que te impiden tener una vida sexual activa y saludable te tiras al suelo cual perro en celo para acabar allí mismo: entre la cómoda y la esquina de la cama. Os miráis con lágrimas en los ojos al tiempo que entonáis “lo conseguiremos”.
El parquet viejo empieza a crujir pero os da igual, te das un cabezazo contra el cajón medio abierto de la cómoda pero resistes, tu pierna se enreda entre las cortinas y medio visillo se viene abajo pero seguís con vuestro objetivo de copular, superando todas las barreras arquitectónicas que la vida os pone delante.
 Acabáis, destrozados, doloridos, magullados, pero felices de haber llegado hasta ahí, como dos supervivientes de un naufragio. Son las seis. Habéis despertado a todo el vecindario. Suenan cisternas y toses secas. La venganza está cerca.
 Domingo, diez de mañana.
 Comienza el rugir del taladro en el piso de arriba al son del silbido de Manolo, el entrañable presidente de la comunidad. Su señora pone Radio ole a tope de voz y canta a voz en grito “se me namora el alma”. El de abajo se ha animado y saca la sierra de calar Black and Decker último modelo para construirle a su hijo el columpio de madera que le pidió hace ocho años. Cuando tenía diez.
Con la cabeza metida en el váter, maldices tus muebles todo vintage.

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